mardi 12 mars 2024

Vida y literatura


Nada difícil era para él imaginar que en el club de lectura que se reunira el 14 de mayo en torno a Formas de volver a casa de Alejandro Zambra habra por lo menos una que dira: "Alejandro Zambra nos muestra el Chile de mediados de los años ochenta a partir de la vida de un niño de nueve años" que es lo que viene escrito en la contraportada del libro, pero él también había leído el libro y no había por lo tanto visto al Chile de mediados de los años ochenta. Un autor por muy bueno que sea no puede hacernos ver lo que nunca hemos visto, esto funcionara se decía él para los que ya se conocen al Chile y que entonces se exclamaran aunque tampoco fuera cierto: "Sí eso es lo que yo he vivido, como bien nos lo enseña Alejandro Zambra". Le gustaba mucho verlas reaccionar así en el club de lectura con su mayoría de mujeres, con este su contento, con esta su ilusión, por cierto muy bien entretenida por el autor, de una vivencia común, de unos recuerdos por compartir. Pasaba entonces de la lengua del autor a la lengua de esas mujeres y se daba cuenta entonces él del trabajo del autor que fue de pasar de esas lenguas vulgares ( por muy distinguidas que fueran) a la literaria que las federaba a todas, porque entre ellas no había tanto acuerdo, se disputaban puntos de vista, opiniones distintos. Sí, le gustaba verlas pero él no veía al Chile de los años ochenta porque nunca fue a Chile.

Era distinto con Jaime. Jaime era su amigo chileno aunque no le gustaba tanto a Jaime que se le diga chileno. Jaime era francés y como tal se consideraba desde que vino a Francia, por esto de Pinochet y de la dictadura. Cuando Jaime le hablaba de Allende, más bien le hablaba Jaime de Allende que de Pinochet, se lo hacía más próximo porque Jaime le era más próximo, más próximo que cualquier autor fuera este chileno. Jaime era de otra generación que Alejandro Zambra. Jaime no solo contaba. Jaime fue actor. Tenía él en Jaime a un actor narrador. Jaime tuvo que irse porque le iban a matar, porque iban por él, por Jaime despuès de haber matado a Allende. Se le aproximó mucho, demasiado a Allende, para que lo dejaran ahora con vida a Jaime. Por eso se fue. Jaime le enseño fotos de Santiago, de Valparaíso, de San Pedro de Atacama, de sus hijas, parece no tener nada que ver lo uno con lo otro pero sin las hijas y las hermanas y las parejas de Jaime, sin las mujeres de Jaime, el Chile le hubiera parecido a él inhabitado. Venía la casa de Jaime, el barrio de Jaime, con los acontecimientos que allí tuvieron lugar, y los cambios que le tocó vivir. Le gustó Formas de volver a casa de Alejandro Zambra pero si él tenía ahora alguna idea de Chile como de sus habitantes no era gracias a Alejandro sino a Jaime Prat Corona. Los Prat Corona procedían de Cataluña. Este apellido sonaba a catalan no cabía duda. Sin embargo. Jaime no de frente sino cuando le daba la espalda fue cuando le sorprendió esta forma del cráneo de Jaime cuya estatura era la de un indio pero también este cráneo debía ser el de un indio. Tampoco le disgustaría a Jaime tener orígenes mapuche porque creía él recordar que Jaime le había hablado mucho y en bien de los mapuches, que se los tenía olvidado a los mapuches en su novela Alejandro Zambro, no Jaime aunque solo fuera Jaime de espalda o un Jaime que daba la espalda ofreciéndole así el occiput mapuche. Jaime se había paseado por regiones áridas, desérticas y montañosas de Chile en su último viaje a Chile, en zonas donde solo habría chilenos y tal vez indios chilenos. Pero la mayor parte de la vida de Jaime había transcurrido en Francia donde había sido Jefe corrector, o sea el dominio del francés de Jaime era mucho mayor que el suyo, en nombre como en consideración de ello muy bien se pudiera decir que Jaime era más francés que él. No era el francés primero una lengua y no se pudiera considerar que donde se hablaba este idioma había francés, mejor sería que circundarlo a un territorio. Este amor por la lengua la compartía él con Jaime. Eso les llevaba a menudo a hablar literatura. Jaime había leído a Flaubert como Alejandro Zambra. No, no como Alejandro Zambra que no tuvo paciencia con las descripciones. Jaime se lo había leído entero. Jaime le habló de Flaubert como Alejandro Zambra no pudiera hablarle de Flaubert porque para ello habra que apreciar sus extensas descripciones, o sea su prosa que es amor a la lengua y no solo que se le cuente a uno una historia. Hablando de historia pero esta vez con H mayúscula, pues a Jaime y se pudiera decir a toda la generación de Jaime les gustaba la Historia. No era tan verdad o seguro por la de Alejandro Zambra. Se acordaba él de uno de la generación de Zambra que le caía muy bien como le caía muy bien Zambra, hay que decirlo: a ver si unos piensan que les tiene inquina o animadversión a los de esta generación. Pues este también tuvo que pasar sin leerlas varias páginas de nada menos que Los Miserables de Victor Hugo porque no se hablaba más que de Historia y se perdía el hilo de la narración o sea de la pequeña historia. Eso lo había notado él en Jaime que siempre prevalecía la Historia con H mayúscula sobre la historia anecdótica. Por eso tal vez fueron gente que se jugaban el pellejo: no contaría tanto su propia y pequeña historia como la gran Historia con H mayúscula. Por eso tal vez no había escrito ningún libro Jaime Prat Corona cuando Alejandro Zambra iba por su tercera novela.

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