dimanche 31 mars 2024

Eliot


Eliot. Tanto tiempo sin verte, Eliot. No me contestó. O sí a su manera perruna. Ni siquiera con un ladrido. No ladraba mucho Eliot. Pero con esta mirada muy suya que se me había olvidado con el tiempo, me hablaba Eliot. Siempre esta tristeza con ternura o esta ternura con tristeza en los ojos muy grandes y muy negros de Eliot. Irresistibles sin embargo. Pero no quisiera más que le dé de comer o de beber.¿Qué quería entonces Eliot de mí su amo? También esto de amo había yo dejado de serlo desde que no dependía de mí ni de nadie, su suerte. No, no te he olvidado Eliot, le dije yo por si acaso esto era su pregunta o lo que quería saber Eliot. Se acercó. Estaba al alcance de la mano. No, no fuera posible que buscara el cariño. Eliot, le dije, hay que ser razonable, hay que admitir la realidad. Me pareció que su mirada se puso más triste a no ser que fuera más tierna, haciendo en ambos casos la demanda más apremiante. Algo de reproche también le vi en los ojos. Que los tenía muy abiertos, más abiertos que nunca, aunque también más fijos. Tal vez por eso le vi este algo de reproche. Tendría yo que repasar los recuerdos de hace un par de años hacia atrás para saber lo que pasó para que me venga ahora Eliot con cara de reproche. Tardé mucho eso sí para llevarle al veterinario. Pero lo que Eliot no sabría (aunque tal vez ahora lo supiera él todo) es que el día anterior llamé a la clínica y les expliqué todo pero me dijerón que podía esperar, que no era un caso de emergencia y además la veterinaria que le cuidaba a Eliot no estaría antes de pasado mañana. No insistí mucho, esto es cierto. Y más cierto es ahora que hubiera debido insistir yo más. Pero es que me acabarón convenciendo al oponer su objetividad científica universal a mi subjetividad personal. Y eso le dije a Eliot pensando que me comprendiera mejor que nunca porque donde estaría se entendiera todo, incluso se leyera en los pensamientos. Esto era la idea que yo me hacía de la nueva vida de Eliot. Y por ello tampoco me extraño mucho de verlo después de tantos años aunque sea en sueño porque muy bien me sabía que Eliot haría todo para alcanzarme. No había distancia fuera interestelar que nos pudiera separar, que Eliot no pudiera recorrer a la velocidad de la luz. No me mires así Eliot, por favor. Sí, es verdad que yo te dí algunas que otras patadas pero bien te las merecías. ¿No me amenazara de una denuncia a la SPA, verdad Eliot? Además el plazo de caducidad de la instancia para los animales es más corto que para nosotros los humanos, te lo digo Eliot aunque no me gusta recordártelo pero por si acaso... En cambio lo que sí me gusta recordarte es lo bueno que yo fue contigo. No insistes con la mirada Eliot. Es verdad que empeoró nuestra relación a medida que empeoraba tu salud y que algo te castigaba cuando meaba en la casa, y algo más te pegaba cuando cagabas en la casa porque también era más trabajo para mí y esto tienes que entenderlo Eliot. Algunos te habran abandonado en la autopista, se hace mucho esto, sabes Eliot, de abandonar a su perro en la autopista, y yo no digo que no se me pasó por la cabeza pero, tienes que enterderlo Eliot, te habías convertido en un verdadero desastre, aunque no tendras que perdonármelo porque no lo hicé, tal vez por eso de no tener un coche. Mierda de perro llegué a decirte en vez de Eliot, eso sí que es verdad que lo dije, lo recuerdo, lo reconozco, lo confeso, pero compréndelo Eliot: es que estaba harto de tanta mierda. Nada me había acostumbrado a ello. Estar prevenido es estar preparado se dice, pues yo Eliot no estaba preparado: erás tú Eliot mi primer perro y te puedo asegurar que no habra otro más después de ti, y no es eso Eliot una prueba de amor, de fidelidad, de inconsolable pérdida. Ya ves, Eliot, algunos toman un perro trás de otro cuando yo no, cuando yo no te puedo olvidar. Y esto vale Eliot tanto en bien como en mal. Pero cómo has cambiado Eliot. Nadie pensara que tú pudieras cambiar todavía. Se te le nota en la mirada Eliot que has dejado de ser este adorable y cariñoso yorkshire, la gente cambia así cuando le pasa algo grave, nada es entonces de extrañar, pero tampoco te da derecho Eliot de mirarme a mí de esta forma tan dura y acusadora de qué, dime de qué, de malos tratos a mí que te he cuidado tanto. Recuerdas Eliot cuantas veces al día (sobre todo los últimos) tuve que salirte porque te meabas encima. Pues te salía y te meabas encima. No es eso para enfadarse. Olías a peste y con este mismo olor te fuiste, entonces supe que olías a muerte y este olor a muerte es para los humanos la menos soportable Eliot. Recuerdas cuando te llevaba al cuarto de baño, que te enjabonaba y lavaba con agua tibia y luego te secaba con una toalla o el secador de Sylvia, no eran estos tratos muy humanos, y no me los agradecía, todo lo contrario, no te dejabas hacer, casi quería morderme, entonces sí que me enfadaba y te ponía agua fría y ya no te acariciaba sino que te friccionaba, te frotaba y refrotaba fuerte, para que se te quitara el olor pero también para bajarte los humos. Y tú peor te ponías y peor me ponía yo como es natural Eliot. Y llegamos así a tales extremos, sobre todo yo claro. A veces pienso que repetía yo contigo lo de mi padre conmigo y entonces no es que me lo reprocharía más a mí sino que lo entendía mejor a mi padre. Aunque sí me venía de vez en cuando un pobre Eliot pero era pensando en mí más que en ti Eliot, tengo que reconocerlo. Lo que no recordaras (aunque ahora tal vez de todo sabras) Eliot era cuando acabé llevándote a la clínica veterinaria. Para tu último viaje te pagué el taxi. Nadie te quería acompañar sino yo. El taxi creo que acabó enterándose aunque te llevaba escondido dentro de la mochila pero me vio tan triste y te juró Eliot que yo lo era por mucho que te llevaste de mí el recuerdo de esta cara de enfado, de cólera, de ira, que no solía ser mi cara de siempre pero sí de los últimos tiempos en que te pusiste tan insoportable, tan inaguantable, aunque mejor debería decir enfermo y era yo que no lo soportaba, que no lo aguantaba, que tú lo estes, enfermo, muy enfermo, Eliot. Tienes que saber Eliot que en nuestra sociedad, la humana digo yo, cada vez los aguantamos menos a los enfermos y qué decir de los viejos porque tú ya eras viejo e incontinente Eliot. Y me lo recuerdo como si fuera ayer Eliot una vez en la clínica cuando te quisieran llevar y fue después de hacerme unas preguntas sobre ti y lo que yo quisiera que pasara contigo porque harán según mi voluntad y como si quisiera yo que desaparezca todas las pruebas materiales de un crimén pedí que te quemarán y con tus cenizas que hagan lo que quieran. Pero ahora no te lo creeras, somos tan contradictorios los humanos, cuando te quisieran llevar dije a la chica de la blusa blanca que a ver, a ver, tal vez habría algo por ver y por hacer para que vivieras, que no podías haber muerto, y ahora lo sé porque te veo y aunque fuera en sueño y aunque fuera con este nuevo aire tuyo  que ya no es con esta tristeza con ternura o esta ternura con tristeza sino con esta dura y acusadora o acusadora y dura mirada que me lanzas desde un más allá donde te creeras todo permitido o que se te lo perdonara todo a ti y a mí nada.

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