vendredi 29 mars 2024

El ser primitivo


No era para él un ser que hubiera dejado de existir hacia millones de años para dejar sitio al ser civilisado. En eso caen todos, pensaba. Cuando él muy bien lo sabía, lo sentía vivir y con capacidades íntimas y frustradas. Cuando andaba por la calle era este ser primitivo que andaba por la calle y también cuando hacia el amor era este ser primitivo que hacia el amor con una como cuando se peleaba con uno era este ser que se peleaba con uno aunque ya ni hacia el amor con una ni se peleaba con uno y por eso decía que le frustraba al ser primitivo. Sin embargo en su niñez vivía muchísimo más el ser primitivo aunque aún no follaba porque a ver si unos piensan que es el ser que folla el ser primitivo, por esta necesidad que tienen todos a identificar, a apuntar con el dedo, a menospreciar. Luego hay esto de que el ser primitivo se hubiera despedido de ellos con la infancia, que allí lo relegarían como en la infancia de la humanidad. Bueno, por cierto, si tanto añoraban a su infancia es que en su infancia habran vivido en paz con el ser primitivo y a veces con el recuerdo trataran de recuperarlo, pero entonces le daban una forma inusitada y civilisada, que lo mutilara, que lo falsificara, pero sera más adecuada a su vida actual tan necesitada de recuerdos pensaran cuando era el ser primitivo que les faltaban. Porque no era primero sensaciones difusas, impresiones, que le invadían a uno y tratara luego de concretarlas en imagenes y sonidos como para crear su propia ficción de hombre civilisado, para caer en esta mentira que pudiera compartir con los demás. No, no había como él para remontar el tiempo si fuera necesario de allí rescatar al hombre primitivo. Cuántas veces no había revivido momentos pasados que se dicen perdidos cuando están en uno como está en uno el ser primitivo que se nutre solo de sensaciones, de impresiones, pero se rehusaba a volverlas imagenes y era el hombre primitivo que se negaba a ello que era como querer identificarle, darle esta identificación falsa, este carné de identidad propio del hombre civilisado pero no del hombre primitivo que así se negaba a vivir en su mundo, en su sociedad deletérea, que le era prejudicial. Quien lo creyera ahora si dijera que cuando más se le acercaba al hombre primitivo era cuando más se sentía creativo, en la creatividad estaba más que en el amor o en la guerra el ser primitivo, libre de toda inhibición, fuerte de toda intuición. Sí para él sentirse muy primitivo era sentirse muy creativo, sentir el rebullir interior, una efervescencia como un desprendimiento de burbujas gaseosas, un fervor como un calor muy intenso. Sentía él que entonces había reanudado con el ser primitivo porque era él quien se mantenía más cerca de este hogar, de este fuego que es la vida humana. Luego, claro, pasarle a imagenes y sonidos, a palabras, era la tarea siempre engañadora y mutiladora donde en parte se perdiera al hombre primitivo, a esta vida que tanto le faltaba a uno, pero que ya no sabía más apreciar que como un hombre civilisado o sea a través de la cultura de que tanto bien se decía pero que en alejarse demasiado del hombre primitivo también se alejaría de la vida, de la vida que se pasaba de la cultura porque no era cierto que en la cultura no estuviera él, y quien sabe si en ella vinieran otros o todos, en busca del ser primitivo.

Pero también ocurre que a veces sea el ser primitivo que acude en ayuda de uno, a su encuentro, a auxiliarle como aquel día en aquella playa donde tanto brillaba el sol. Fue cuando Alfonso le explicó el significado de los tres S: SEA SEX AND SUN. Es como la conjunción de los astros cuando estas tres condiciones se reunen, le dijo el buen amigo, y como no le podía faltar entonces a uno el ser primitivo. Sin duda se explicaría por esta conexión con la naturaleza de la cual no puede desprenderse añadido al despertar de los instintos que no sona ni más ni menos que como el despertar del ser primitivo. Llegó, como es de adivinar, a esta playa acompañado, y como era una playa de nudistas se desnadurón. Eran Adan y Eva como a los primeros tiempos del mundo. Siempre cuando un hombre y una mujer se presentan uno al otro desnudos vuelven a tiempos remotos, prehistóricos. No fuera preciso entonces que haya entre ellos una pequeña historia que se pudiera llamar de amor según y conforme los codigos románticos de su época, y aunque la haya. María era la amiga de la amiga de su amigo Alfonso que se la presentó justo el día anterior que ella María, le llevaría en coche a dicha playa en las cercanías de Malaga. Iban justo de tiempo. Por la mañana siguiente, dijo Alfonso, y antes de que despuntara el sol estarían todos menos ella en el coche dirección las alpujarras para esta excursión en bici que lo había traído a él de Paris, y no volvieran nunca más a verse. María muy bien se lo sabía pero no que él desconfiaba del ser primitivo por algunos fallos que tenía y de los cuales le resultaría a él vergonzoso confiarse. Así que no se le dijo nada. Le gustaba María. Este cuerpazo de mujer que tenía María aunque se le veía bien claro la cicatriz. A María le habían operado de un cáncer. Una larga raya fina y blanca le recorría el tórax pasando justo por debajo del pecho como soslayándolo. Cómo le gustaba el pecho de María. Y qué decir de sus largas piernas con este garbo que tenían. No se atrevería aunque todo le llevaría a esto, a prolongar la mirada, siguiendo las piernas de María hacia arriba, hasta este rincón de las delicias que no eran como sus partes vergonzosas a él, y más verguenza le daba que no cumplieran con su función primitiva, porque ya habían dado señales flojos y se había sentido él como abandonado por el ser primitivo que llevaba dentro, muy dentro, donde sentía sus impulsos, como si luchara en vano para salir, como si quería erguirse y no lo pudiera. Estaba él frente a María no como el primer hombre frente a la primera mujer sino como un hombre solo frente al desastre, frente a su propio desastre, que él, él solo, era un desastre. Le invitó entonces María a darse un baño. Y fue a tirarse al agua como uno se tira a un precipicio. María ahora se parecía a una sirena y con voz irresistible le invitaba a acercarse de ella. No podía resistirle. Le rodearón los brazos de María y las piernas de María. No podía escaparle. Empezó él a moverse muy lentamente y María le correspondía y eran como lentas ondulaciones del cuerpo de María, partiendo de las caderas acogedoras de María que es apenas si él se dio cuenta que el milagro había ocurrido, pero él no creía en los milagros, quien había hecho su aparición era el ser primitivo para ayudarle a cumplir con María. Gritó María. Recordara él siempre este grito de María. Claro que no era él sino el hombre prehistórico que le sacó este grito a María pero él no se lo dijera nunca. A María le temblaba todo el cuerpo, era como si vibraba al unísono y con el suyo de cuerpo. Quiso María volver a la playa. Quedó él nadando. Quería él en este día tan soleado perderse en el mar como de alegria porque le había dado a María pero sobre todo devuelto al ser primitivo.

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