lundi 18 mars 2024

El lector bilingüe


Le resultaría difícil deshacerse de una de las dos lenguas y podía arriesgar el símil que fuera como dejar de vivir con una de las dos mujeres de su vida, lo podía arriesgar porque el español que no era su lengua materna (la primera mujer de uno siendo su madre) llegó incluso a personificarse o concretarse en una mujer que ahora no supiera decir si la quiso porque represantaba a este otro idioma por él querido más que por su persona. Si su amor por el español pudo llegar hasta aquí como lo veremos enseguida no es de extrañar, ¿No somos seres de palabras y más que otro lo será el lector, más quien no se conformaría con sólo hablar en una lengua sino también leer en esta lengua? Esta práctica suya de leer a la vez en francés y en español que sería entonces como amar en francés y en español remontaba a su infancia cuando la conoció a ella como a su idioma. A uno le trabaja un idioma más que trabaja o estudia este idioma porque el español volvió a ser también su lengua de estudio pero le trabajaba como le pudiera trabajar un amor, lo devoraba, se apoderaba de su persona. Pero al poco tiempo de casados divorciarón. Pudiera ser pura defensa más propia del francés que suya, porque él solo hubiera sido incapaz de deshacerse de ella. Hubo en effecto un periodo de su vida en la que él fue totalmente submergido o enamorado del español, que le llevó sin duda a casarse con ella. ¿Acabara en él el francés rechazándola como en nuestra carne se rechazaría un cuerpo extranjero? Pero no lo consiguió del todo tal vez porque el español no se habría sólo incrustado en su carne pero estaba ya en su sangre. Trás unos cuantos años en que no quiso ni hablar el castellano volvió este amor suyo de la lengua que era de la palabra porque esto de la sangre y de la carne es pura tontería y lo menos pensado, lo que menos tomamos en serio, lo del ser de palabra que somos ante todo, sí que es pura verdad y por lo menos la verdad de su vida, no solamente de su amor porque su vida no fue desgraciadamente sólo hecha de amor. También se consolaría él ahora leyendo en español de su pérdida, de la perdida de ella, cuando primero trató de olvidarla leyendo exclusivamente en francés, pero no tardó mucho en convertirse en un lector bilingüe. En él seguía vivo este doble amor que era ante todo amor de la lengua y gracias a estos dos lenguas le parecía a él sentir, vivir, doblemente. Se diría de él que no era el mismo en francés que en español. Por ello, cuando se casó con ella, quiso el español dominar y no lo pudo, volvió con más fuerza, volvió redivivo el francés. La engaño. Los dos se engañaron. Ella le dijo que tenía a un bisabuelo que fuera francés. Como que ella quería ser francesa, como que a ella le llamaba el francés cuando a él le llamba el español. Difícil de entender pero pudiera él haberlo entendido que a ella le pasaba igual que a él pero en sentido apuesto, al revés: que a ella lo que le atraía en él era el francés cuando a él en ella era el español, pero ella quería dejar de ser española, aunque tampoco lo consiguiera, cuando él quería dejar de ser francés, aunque tampoco lo consiguiera. Fue una buena leccion porque mejor se aprende a sus expensas. Como que ahora y aunque sin ella tuviera que convivir con las dos lenguas y se pudiera hablar de él, quien sabe si también de ella, como de un auténtico bilingüe, habiendo en él tanto amor por cada una de las dos lenguas pero tenían primero que desencarnarse, que no ser ella, que no ser él, que ser el verbo; tuvieron que volver a aprender que al principio había el verbo, antes que el verbo se hiciera carne. 

Aucun commentaire:

Enregistrer un commentaire