mardi 26 mars 2024

El buenazo


No sabría él decir cuando hemos dejado de ser fines para ser medios o si siempre no fuimos más que medios nosotros los hombres para las mujeres. Hay tantos casos claros, evidentes, que saltan a los ojos aunque no parezca ser a los ojos de los hombres que siguen considerándose no sólo como el centro del mundo pero peor todavía como fin para las mujeres. Luego se sorprenden cuando hay prolongamientos, cuando en otros se prolongan, es que su itinerario no se detiene en ellos, son hitos que marquan el camino y tal vez este camino no tiene fin como no tiene fin sus esperanzas, sus deseos y quien sabe si sus caprichos. Pueden, llamarles como quiera, concretarse en carreras y volverse ellas muy oportunistas, ser entonces el medio o la oportunidad para una mujer vuelve a ser lo mismo y muy distinto y distante de ser su fin, ni siquiera el fin de sus historias de amor.

Se sorprendió cuando Luisa le comunicó lo difícil que le resultaba ligar. Acababan de divorciar. Cierto es que habían tenido una vida de pareja más bien corta sobre todo en consideración del tiempo que se habían esperado o por lo menos él había esperado que ella acabara sus estudios de medicina en España para venir a vivir con él a Francia. Ahí pudiera ejercer ella como médico. El MIR, sí eso el MIR aunque él no supiera decir lo que era el MIR sino uno concurso muy difícil que Luisa no tendría que pasar para trabajar si viniera a Francia, pero de allí a pensar que se casaría con él por este fin le resultaba imposible imaginar. Se querían. Esto del amor no tiene causas ni razones. Pero si no fuera amor o mejor si el romanticismo no fuera más que el amor del hombre hacia la mujer y no lo contrario de la mujer hacia el hombre como se suele pensar, como si el amor de la mujer no fuera subordinado a ciertas condiciones que el hombre tuviera que cumplir. Resultó entonces que él no cumplió. No se trataría tanto del acto matrimonial como acto de fe sino de otro contrato más tácito que existiera entre un hombre y una mujer y que por ende no lo vieran con los mismos ojos y si enamorados no enamorados con el mismo amor, con la misma visión del amor. Así se explicaría mejor que Luisa le pueda hablar tan descaradamente de sus pretendidos cuando tuvieron que verse para finalizar los tramites de divorcio. Por cierto no estaban enfadados el uno contra el otro. Había una separación de cuerpo si uno se atiene al lenguaje jurídico. Pero como decía el suegro corrían peligro de formar estas parejas chewing gum por esto mismo de que no había ruptura tajante y se comunicaban entre ellos. No habían tenido hijos y esto facilitaba el divorcio. Pero tantas cosas quedaban pendientes, de estas cosas de que no se hablaban. Luisa preferería hablarle de sus novios o de sus ilusiones amorosas como si fuera él un buen amigo o un viejo conocido. Más de una vez le invitó ella a Fontainebleau donde tenía un piso mejor entretenido, recordaba haber notado, que el que habían tenído. Hicieron el amor aunque se preguntaba él si eso era el amor y por qué ella lo hacía. Le recordaba otro día más lejano cuando todavía compartían el mismo piso y de vuelta del trabajo se libró a él sin más preambulos y tal vez sin más amor. Fue él quien le encontró el puesto de "faisant fonction d'interne" a Fontainebleau para que no estuvieran tan lejos el uno del otro. Aceptó ella Saint Jean de Mont, que estaba muchísimo más lejos. Quería ser médico eso sí y el contrato tácito aunque no llegarón a formalisarlo, a hablar de él entre ellos, sería que él fuera el medio que le permitiera a ella cumplir con este sueño que era ser médico, que él le ayudara a ser médico, y la ayudó a encontrar a Saint Jean de Mont como a Fontainebleau pasando revista de los anuncios. Pero poco después de su regreso de Saint Jean de Mont fue a vivir ella sola en su piso de Fontainebleau porque Paris Fontainebleau tampoco estaba muy cerca. Le dijo que viniera con ella, que se trasmudaran. No sabía él muy bien ahora porque no quisó, porque se quedó en Paris. Una casa en condición era las palabras esta vez de la suegra y de que él se acordaba. Una casa en condición era la condición imprescindible para que se concretara el amor en matrimonio, para que fueran un matrimonio, los padres de él propusieron un apartamento a Luisa que luego no ofrecieron. De ello se resintió Luisa. Que la hubiera engañado él, que hubiera ido con otra tal vez no hubiera sido tan grave. La casa en condición iba de pareja con su puesto de médico: él sería el medio para que se realisarían ambos condiciones digamos materiales. Esto sí eran como los preambulos o primicias del amor: si no se cumplieran no podían gozarlo, no estaría ella en condición para disfrutarlo. Pues su piso de Fontainebleau sin duda se acercaba más a esta casa en condición de la cual Angelita la suegra hablaba y que él no supo ofrecerle y que sus padres acabarón negándole después de habérselo prometido. También quisiera Luisa que él se sintiera orgulloso, como lo era toda su familia, que ella fuera médico cuando a él le daba igual que fuera médico o enfermera o maestra de escuela como su madre lo fue, incluso ama de casa llegó a decirle como para bajarle el humo y le picó y de ello ella no se olvidara nunca. Tampoco se pudiera imaginar que él la dejara, le dijo. No, que le viniera a fallar este medio, no se lo podía imaginar y tal vez por ello tratara que aún divorciado le ayudara él a rehacer su vida, tal vez por ello le habló de este hombre en casa de quien con una amiga fueron invitada y a quien ella habló y le gustó. Andaba a su lado, lo recordaba, y le hablaba de este hombre mientras recorrían las calles de París y no las verían de absorta y contrariada como era por su disgusto amoroso. No era médico como ella o como él con quien acabó casándose años más tarde, que se lo dijo a él su hermano ya que no viniera más ella a pedirle consejos para ligar. Un buenazo dijo su hermano con quien ha tenido un hijo. Como que él fue una temporada este buenazo. Casi se lo agradeciera de tomar el relevo. Conociera como él conoció, de allí el uso de este término militar, a Antonio el suegro, el teniente coronel jubilado a quien tanto se parecía Luisa que tal vez le haya hablado de estrategia o sea de medios para llegar a sus fines y quien sabe si primero a identificar los blancos, los buenazos, porque tenían que ser buenos medios, porque no pudieran ser considerado en si mismo sino por todo lo que le permitiera hacer a una.

El también volvió a casarse aunque tardó más en olvidarla a Luisa si acaso la olvidó casándose con Sylvia pero sí en ello le ayudó Sylvia y lo que Sylvia fuera muchísimo más guapa y algo más grande, que muy pequeña era Luisa y muy poco probable es que haya crecido mientras tanto como que con los años se hubiera hecho más guapa, aunque eso de los años más entrada en edad estaba Sylvia pero la belleza le quitaba años. Ya se sabe todo es una cuestión de apariencia y Sylvia aparentaba tener menos de lo que tenía y no se pregunta la edad a las mujeres y él en consideración de ello no supo de su edad hasta que se casarón Sylvia y él que tampoco ya era muy joven y es que además vivieron diez años juntos antes de casarse y fue también antes de que Sylvia cayera enferma y se casarón por eso del hermano, para protegerla dijo la amiga de Sylvia, para que si no pudiera llevarse ella sola la llevara él y no el hermano que sino la pusiera en un manicomio. No sabía él lo que sabían ellas: la amiga de Sylvia y Sylvia, que temía a Alzheimer porque no sabía él ni siquiera lo que era Alzheimer o quien era este tío, de haberlo sabido, de haber sabido que era un médico, otra vez un médico, tal vez habra hecho marcha atrás aunque fuera ya tarde porque por primera vez se sentía querido, no se había sentido querido nunca asi con Luisa y que le importaba a él que no fuera médico Sylvia, no le dijo él a Luisa que le daba igual que fuera médico o enfermera o ama de casa y pudiera añadir ahora que fuera peluquera porque era eso que era Sylvia peluquera y de las mejores peluqueras que haya porque eso sí que contaba a sus ojos: ser bueno en lo suyo y no era cierto que Luisa fuera buena en lo suyo porque más de una vez se quejó de que no se llevaba bien con las enfermeras cuando un buen médico tenía que ser querido de sus enfermeras; Sylvia era muy querida de sus empleadas, una de sus empleadas le estaba a él cortando el pelo cuando se lo pasó a Sylvia diciendo que ella no podía con tanto pelo y Sylvia le propuso a él un chocolate que una cliente le había regalado una caja entera de chocolotes y fue así como se conocierón, luego le escribió él un poema a Sylvia sobre sus ojos azules pero le había mirado también el escote aunque esto no viniera en el poema. Sin contar el bombón de chocolate. Fueron como diez años teniendo en la boca este bombón de chocolote y saboreándolo despacito, luego empeoro la cosa, cayó Sylvia enferma y tuvo él que cuidarla, que cuidarla cada vez más y si no fuera por las ayudas no hubiera podido con ello. Diez años que duraba la cosa pero en nombre de su amor no se sentía él como en derecho de preguntarse si ella Sylvia lo hubiera elegido entre tantos, porque tenía a muchos pretendidos Sylvia, no mirando a los diez primeros años sino a los que vinieran después o sea otra vez porque era un buenazo o sea un medio para fines otra vez desconocidos de él, como que las cosas se repetían y por qué no se repitieran si él no había cambiado, si él era el buenazo de siempre, el buenazo de servicio diría su hermano que también se lo había aprovechado como todos los de su familia se lo habían aprovechado. Pero no, porque su madre cuando vió a Sylvia se sorprendió de que se lo quisiera y era verdad que él se sintió querido por Sylvia como nunca se sintió querido. El mismo sobrino de Sylvia tuvo que reconocerlo a pesar de eso la herencia: "Sí, lo vuestro es una historia de amor". Y por cierto los diez primeros años abocaban en este sentido pero cada año más que pasaba él con una mujer enferma abocaran en sentido opuesto, le confirmaría en su teoría sobre los medios y los fines, que él no fuera más que un medio cuando se hubiera considerado como un fin, el fin que se hubiera propuesto Sylvia y fuera de vivir con él, de amarlo porque fuera él su fin en la vida. Le parecía ahora todo eso un tanto presumido, presumir un tanto de lo que él era en los ojos tan azules, tan hermosos, de Sylvia, de como ella lo viera: ¿como un fin o como un medio? Pero tirando por allí él muy bien se sabía que las cosas no son como son sino según como se las mira y entonces sólo quiso cambiar de enfoque, hablando de Sylvia como de Luisa, dejar en tanto que hombre de verse como fin y término para las mujeres pero mejor como medios de perseguir sus propios fines que muy bien pudieran ser tan ajenos al hombre que propios de la mujer. En cuanto a la verdad él no supiera decirla, ni él ni nadie supiera decirla, e importaba poco si la mentira o la ficción también pudiera ser aleccionadora. Además quien sabe si la finalidad de su vida no se le escapa tanto al hombre como a la mujer y solo fueran capaces de ver a los medios que a veces confundieran con los fines, fines que nunca alcanzaran del todo. 

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