vendredi 16 février 2024

Una historia de amor


El contara como se han conocido, dira que hay amores de verano que pueden ser amores de verdad, que de noche miraba la ventana de otra casa más cercana al mar que la donde él de niño dormía y era la de ella, la de su habitación, que miraba él hasta que ella apagara su luz. Se han hablado al atardecer como en todos los atardeceres de estos veranos donde se paseaban a la vista de todos, formales y quietos, mientras bullia la sangre y el corazón se agitaba inquieto porque era la primera vez que les pasaba algo y no sabían qué. Sí, si no había ocurrido luego lo que había ocurrido luego, tendrían derecho ellos también a su romance de amor, a contarlo a los demás cuando le preguntaran cómo se habían conocido. Recordara la frase de Angelita la madre cuando jugaba él con Antonio el padre: "no ves que es a tu hija a quien viene a ganar jugando contigo al ajedrez". Venía él a la casa de ella al principio de la tarde cuando era hora de dormir la siesta para jugar con el padre unas partiditas de ajedrez. Mientras la veía a ella pasar por su casa antes de que fueran los dos a la playa a bañarse, no más, o sí, tranquilamente tumbados dos cuerpos enamorados sintiendo su proximidad y aunque no pudiendo aprovecharla deseándose con una fuerza inusitada, difícil de refrenar con tan poca edad. Pero mientras la miraba en su casa se imaginaba con ella sola y con una casa propia de la cual ella sería la reina. Eran todavía imaginaciones infantiles. 

Recordaba entonces que algo como quinze años más tarde y para conseguir el divorcio ante la iglesia dijo ella que en aquella época remota se leía demasiadas novelas sentimentales. Diciendo aquello lo tiraba todo al suelo, todo lo que habían vivido que por cierto se acercaba mucho a un romance de amor pero que era no más ni menos mentira o ficción como la que se inventaran parejas hechas y derechas cuando se le preguntaran como se habían conocido o celebraran su aniversario de boda a los veinticinco años juntos que debían ir por allí o más, mucho más, ahora que lo pensaba. Pero la vida, no, no la vida, ella y su abogado, no habían decidido que fuera así. Habían decidido que aquella vieja historia de amor no valía nada, que era puro sentimentalismo de novela barata, y como las damiselas se forjaban una virginidad se habría forjado ella otra historia de amor más en adecuación o conforme con su vida actual y su nueva pareja. Pues, había sido ella siempre una chica muy formal, muy bien educada. No hay que remover el pasado. Es como el agua que si se remueve se ensucia. Mejor entonces se tira. Habra ella tirado el agua de este molino de amor que él como Don Quijote estaba solo en imaginarse como a un gigante, y que tenía que combatir no para que muriera sino para que quede vivo en la imaginación de los enamorados que fueron capaces de fraguarlo en años heroícos y tocados por esta locura del amor cuando todavía hablaba el corazón y la sangre removía el alma.

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