A veces se
preguntaba, no se preguntaba, se decía que si dejaría hablar el
otro en vez de hablar él, pero le resultaba imposible. Se daba
cuenta de que le tomaba la palabra cuando no hablaban ambos a la vez.
De allí que siempre le decían a él (ya que no sabían del otro, de su existencia) que era confuso y le pedían en vano que se aclaré.
Le había
amargado su niñez, su infancia, su adolescencia, su juventud, y
ahora, y ahora (disculpad si se repite y pensad mejor que no, no se
repite, pero a veces coïnciden en decir lo mismo, están de acuerdo)
en su edad madura, como para librarse de él o no se sabe si para
conocérselo mejor trataba de siempre dejarle una vía propia no sé
si de escape o de expresión libre.
Le costaba
doble trabajo. Da igual siempre había trabajado doble y pasado por
torpe y lento tanto le costó hacer la más mínima cosa. Vaya, qué
pereza, le decían sin percatarse de que estaba cumpliendo doble
trabajo en uno, cuando la parte adversa no se resistía tanto como
para comprometerlo todo, lo que entonces le merecía una buena paliza
que tanto lamentara que el otro no la sintiera también.
Lo de
bilingue le salvo un poco del otro a quien había otorgado una lengua
propia, porque muy bien se daba cuenta él que era el otro que
hablaba castellano, no él, él era francès ; bueno, a menos que
fuera lo contrario, pero eso importaba poco, esta última confusión
no tendría consecuencia, que él sepa. Esto de ser bilingue o
casí bilingue (era su lengua de estudio, la lengua que él estudió
para el otro) le dio la idea salvadora.
Se puso
tarde al ajedrez y allí también tuvo que vérsela con su doble pero
ya tenía la solución. Primero hay que saber que los jugadores de
ajedrez necesitan de un repertorio de aperturas con blancas y otro
con negras. Se fue retrasando mucho, el tiempo necesario para tener
dos con blancas y dos con negras, pero sorprendió luego a sus
oponentes aunque no se sabe bien quien de los dos sorprendía a sus
oponentes.
Eso, a modo
de ejemplo, pero se iba haciendo más compleja la cuestión cuanto más
íntima. Quería. Sí, quería el pobre hombre. Sí, quería el pobre
hombre (otra vez disculpad si se repite y pensad mejor ...). Siempre
partido en dos. A eso también tenía que encontrar un remedio. Una
solución para ambos. No podía ser único su amor. De hecho no lo
era. A pesar de que fuera él un hombre casado y honrado, muy fiel a
su mujer, por fin le dejó al otro enamorarse de una catalana de
lengua española, cuando su mujer era una catalana de lengua
francesa, como si a su mujer también le había encontrado su doble.
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire