Aquel día no tenía lo suficiente para escribir un relato, lo que él consideraba ser un relato, que era como para hilvanar una historia fuera esta muy corta: un microrrelato. ¡Sí! existía el microrrelato como lo tenía comprobado, incluso se entero de que lo llamaran: el cuarto género narrativo. Pues no tenía aquella mañana ni siquiera materia para escribir un microrrelato. A veces le ocurría soñar cosas que luego pudiera contar pero del sueño de esta noche bien poco le quedaba. Se veía solo detrás de un mostrador tratando de justificarse delante de personas que había defraudado, tal vez personas que habrían puesto muchas, demasiadas, expectativas en él. Era algo como el tribunal de su vida pero tampoco reconocía a sus representantes. Les decía que había hecho todo lo que era en su poder, que había hecho lo mejor posible, pero no le escuchaban, además le incriminaban de lo que no había hecho. Eran personas muy estrictas, muy rigorosas, muy exigentes; no podía él con ellas, no pudo nunca él con ellas. Por seguro este rigor, esta exigencia, se suele encontrar en los que han tenido éxito en la vida y tal vez eran ellos los que veía ahora cuando toda su vida la habra pasado sin fijarse mucho en ellos. Eran ahora sus jueces, los que le condenaban, era una condena a muerte, lo que querían decir cuando decían que iba a morir es que nada quedaría de él. Buscó en sus papeles, sacó un poema, un poema es todavía más corto que un microrrelato, es lo que más le correspondiera escribir a un vago, le dijeron, y por cierto en sus pocos alardes de escritor — que se pudiera equipar a una linea discontinua que más partiera en dos su vida con de un lado la corporal y por otra la mental que la fuera continuando — venían poemas sueltos que no tenían nada que ver los unos con los otros, que no llegaran a formar un poemario. A medida que los sacaba y les pasaba uno por uno se los tiraban al suelo. Sólo uno fuera válido se decía él y ya no moriría del todo. Pero seguían tirándolos al suelo. No se atrevía sin embargo a sacar uno de sus microrrelatos, cuando se ufanaba de haber escrito algunos, pero estos seres inflexibles le bajaban el humo, y una vez disipado el humo no quedaba nada, se decía, no quedaría nada, se lamentaba, pero no se iba a llorar ahora como un niño lo que no se había sabido ganar como un hombre, incluso esta sentencia no era de él: era un impostor, declaraban, siempre se había hecho pasar por lo que no era, por alguien cuando era un don nadie, que no le iban a matar, que no había existido, y no habiendo existido como pudiera reivindicar una existencia; rechazaban su presunción y desfachatez y le aconsejarón que no presumiera más de escritor aunque sólo fuera de poesías o de microrrelatos.
Luego de este sueño que no era por recordar y menos para escribir un relato — pero aquel día como queda dicho no tenía materia suficiente aunque sí sintiera este comezón que le hacía sentarse delante de su ordenador y darle a las teclas como si fuera él un escritor — venía este otro trozo que era de una conversación con Tayeb anoche. Querían matarles a todos dijo Tayeb siguiendo esta teoría del complot. Que quisieran matarles a todos no se lo podía él creer. A todos sin discriminación. Que siempre hubo discriminaciones y gente que sufrieron de esa discriminación, eso sí. Pero esto de matar a ciegas es más propio de terroristas en contra de los que justamente luchaba el poder. No, lo que quería el poder era dominar y si no le podían dominar a uno eso sí que corriera riesgo por su vida, peligro de muerte, aunque la mayoría del tiempo evitarían recurrir a tales expedientes: ¿ A quien tendrían entonces para serviles si no actuarían con criterio ? Lo que entonces uno se tenía que preguntar es hasta que punto se dejaría esclavizar antes de jugarse el pellejo. Siempre lo mismo entonces: ¿ Qué se podía aceptar y qué no se podía aceptar ? ¿ A qué grado de sumisión fuera por amor o fuera por miedo somos capaces de llegar nosotros los humanos ? ¿ Y por qué por amor sera más digno que por miedo ? ¿ Cuántas humillaciones procedían tanto del amor como de la guerra ? La verdad el amor fue su problema y su humillación más que la guerra que por suerte no le tocó vivir ni a él ni a Tayeb ni a toda su generación. Y ambos habían perdido la guerra del amor porque no había tregua en el amor, tal vez menos que en la guerra. Por esto aunque estuvieron solos se encontraban en paz mientras las parejas seguían luchando por este amor al cual, había que decirlo, ellos habían renunciado. Tayeb era un dominante que ya no encontraba a quien dominar y él un dominado que ya no llamaba la atención a ninguna dominadora que quisiera hacerse con él, ya no podría vanagloriarse de ello. En cuanto a Tayeb ya no hacía más autoridad sobre el supuesto sexto débil que estaba en plena rebelión y reivindicación, lo que no estaba para gustarle mucho a Tayeb. Entonces, como todos los viejos, se metían a hablar cada vez más de política (aunque él se resistiera, nunca le había interesado) y menos de las mujeres. Dejaban entonces el campo del amor para entrar en el campo de la guerra. Y en lo que pasaba en Ukraine había para dar palique. Pero no podía él menos que añorar aquella época en que más se refería uno a las ukranianas que a los ukranianos, que mucho más guapas y dignas de interés eran las ukranianas que los ukranianos. A un amigo suyo que vivía con una ukraniana ayudó la mudanza: se separaban. Era un desastre. No conocía él peor desastre, el de la vida privada, lo de la vida pública o política no llegaba a interesarle. Bien le contarían ahora la historia de la ukraniana que por seguro fuera una historia de amor con su dominador y su dominada, con sus entregas y sus humillaciones, pero tenía que ser esto un relato corto y aunque no lo fuera un relato por mayor razón tendría que ser corto.
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