No estaba allí él para contar pamplinas, para entretener a su lector, para distraerle de ocupaciones mayores, sino para tomar la defensa de los simples. Las personas sencillas y buenas suelen pasar o ser tachadas de simples. A los simples se les hacen cargo de animales o niños o viejos. Son cargos que les sientan bien a los simples. También si son fuertes y como son protectores que usen de su fuerza en defensa de personas malignas y embaucadoras o dominadoras, que tienen sobre los simples un dominio sentimental o afectivo porque a los simples les suelen dominar los sentimientos, las emociones, y son muy sensibles a la menor atención que se les presta.
Mientras estaba él escribiendo estas líneas se daba cuenta de que estaba haciendo su mismísimo retrato. De toda su vida había sido o había pasado, lo que al fin de cuenta volvía a ser lo mismo, por un simple. Empezando por sus padres que desde muy pequeño le habían encargado el cuidado del bebé que era entonces su hermano menor y recien nacido. Esto pasaba cuando salían afuera aunque no sabra él decir adonde iban sino hasta muy tarde o sea se quedaba él mucho tiempo con el nene en su parqué acudiendo a su menor capricho; lo quería, sí, lo quería, los simples han venido al mundo no para ser queridos pero sí para querer, y se les nota demasiado, luego se les toman por tontos o todos se los aprovechan, lo que vuelve a decir lo dicho. También él entonces participó a que su hermano menor fuera el niño mimado de la casa como el más listo: había recibido el amor de los simples. El amor de los simples ayuda mucho a los animales como a los niños y a los viejos. Muchos años más tarde acudira el niño ya crecido a su hermano mayor para que lo aconsejé y reconforté. Toda una noche con él, que no la podía dormir de preocupado que era por su porvenir. Pues en esta noche fue resuelto su porvenir gracias al afecto y el cuidado dispensado a tiempo porque él, el simple, le dio su noche y su afecto y su cuidado. Una vez más no estaban los padres. Simples los reyes magos con sus regalos para el niño Jesus. Simples las mamás negras para el niño blanco. ¿Habra querido su profesora de francés llevándole a su casa donde tenía a un niño pequeño y muy mimado y único, sin hermanos, que él lo cuidara? El a quien nadie había cuidado. ¿Habra querido el amigo Alfonso que se preocupara el viejo amigo de su niño descapacitado mental, como si él fuera capacitado para ello, como si él tuviera la misma capacidad mental o se podían compaginar?
Como se había hecho fuerte con el culturismo su padre no podía más pegarle, en cambio... En cambio lo llamó para que echara a este tío muy grande y muy gritón de la escuela donde era el director. Y él, muy simplemente, tirándole del brazo como si tuviera que arrancar un árbol, lo echó, y con él afuera se quedó, volviendo su padre a su oficina donde le reclamaba más apacibles asuntos, administrativos papeles. Como se había hecho fuerte con el culturismo también su tío, el hermano de su madre que tenía una empresa de corte de acero, le llevó en coche un día, tenía un coche potente e iba a tope, a su empresa, a ver si tomaban de sorpresa a unos gitanos que le robaban. El, el muy simple, siempre llevaba la abuela, la acompañaba en los transportes para que llegara sana y salva a casa del tío que era su hijo, el preferido, el mimado, el único aunque tuviera más, otro que pasaba por simple y no quería la abuela, y se quejaba de que su madre no lo quisiera, pero no hay madre ni padre para los simples. El, en tanto que simple, quería mucho a su abuela y a un perro muy grande y muy costoso que en la casa del tío había, otro simple que guardaba la casa cuando ellos: el tío, la tía, las hijas muy regaladas y hermosas y listillas, se habían ido, él no sabía a donde iban sino hasta muy tarde o sea se quedaba él mucho tiempo con la abuela y el perro grande y tonto, o sea sencillo como él, porque era muy bueno también el perro y muy guardian, también como él.
Después de más de diez años, no de casados, sino de divorciados, lo llamó por teléfono su "ex" y él, de contento, ni siquiera se preguntó ¿cómo se había procurado su teléfono? sino que se dejó embaucar otra vez más por esta voz dulzona que ella sabía usar con él, el simple, para obtener lo que quisiera, y lo que quería, para volverse a casar ante la iglesia, era que él firmara algunos papeles. No hubo más llamadas. Pero sí le llegó los papeles y firmó. Sería ahora el cuento de no acabar nunca si el simple debía enumerar y contar todas sus simplezas cuando había hecho lo primordial, lo esencial, que era el reconocimiento de los simples , y el reconocimiento de los simples pasa por su propio reconocimiento. Allá ellos con los simples.
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire