Quisiera hablar en nombre de los ganadores que no lo podré sino tal vez en nombre de mi padre. Recuerdo entonces su queja que nos fue, a la familia, reportada post mortem, y era que dijo a su hermarna que le habían costado caro cada uno de sus logros. Y es que a mí me parece que le habían costado nada menos que la vida o dado la receta de como morir de un cancer a los cincuenta y tres años. Los ganadores serán como los genios, no vivirán mucho. ¿A quien tienen que cobrar? esto sería la pregunta. Diré a la sociedad pero qué es la sociedad, entonces digamos al sistema porque ya se refiere de forma más precisa no simplemente a esta sociedad (y no a otra) pero a como funciona esta sociedad, pues haciéndoles cobrar caro sus logros a los ganadores es como funciona esta sociedad. Si también tienen familia lo pagaran también su familia, o se lo haran pagar ellos a su familia, y aquí se podría hacer un pleito a los ganadores; pero ya se sabe que si en una familia hay un ganador más se le elogia, más se vanagloria de tener uno en la familia, y suelo decir yo a quien quiere escucharme, tal vez queriendo que algo recaiga en mí de la gloria de mi padre (y por qué no si la he tenido que pagar en carne propia y viva), que mi padre acabó su carrera como Director del Liceo Francés de Madrid, haciéndome así cómplice del sistema. Pero el sosten de un ganador no es solo su familia, son más bien todos los perdedores: ¿Cuántos perdedores para un ganador? Recuerdo lo que me dijo un amigo acerca de los ciclistas que hacen le "Tour de France". Por uno, dos, tres, como máximo, de quien se habla, de quien se conoce el apellido, cuántos hay en el pelotón de quienes ni se sabra que hayan participado algún día a un "Tour de France". Pero mi amigo me habló más precisamente de los portabidones o encargados de llevar los bidones que no están aquí, en el "Tour de France", para ganarlo, sino para llevar bidones a los que tienen que ganarlo. Todos los perdedores somos entonces portabidones para los ganadores. Así todos los participantes de una competición que piensan como Pierre de Coubertin que: "L'important, c'est de participer." son también portabidones. Tal vez para mi padre no fue yo más que un portabidones. Qué risa taciturna la de mi amigo y yo cuando recordamos las últimas mesas que ocupábamos cuando participábamos a un torneo de ajedrez. Eramos entonces los portabidones de los ganadores. Nadie se acordara de nosotros, no podra nuestra familia vanagloriarse de nosotros, haciéndose así cómplice del sistema alabado por Pierre de Coubertin. En la tumba de mi padre, en lo alto de Granada está su tumba y viene esta inscripción que empieza con: Al Director del Liceo Francés de Madrid que es el más alto cargo que llegó a tener y que más le llevó a estas alturas donde está ahora y para siempre.
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