No sería el padre sino el brazo armado de su mujer y eso no lo supo él sino después de su muerte y de haber juntando los acontecimientos dudosos de su propia vida como si fuera a librarse a una encuesta policíaca cuya víctima propicia no sería menos que él, el hijo mayor de la pareja. No se había llevado nunca muy bien con su padre que casí no le hablaba. Le resultaba en efecto difícil recordar una sola palabra que le hubiera dirigido su padre. En cambio sí los gritos cuando no los golpes que no tardaban mucho en caerle por encima. En estas condiciones se entiende mejor porque las suspiciones se dirigían sobre el padre cada vez que le pasaba por la cabeza que querían deshacerse de este hijo que en nada le parecían, tal vez era la memoria viva y difícil de aguantar de un desliz de la mujer. En fin, de su madre que se preguntaba con quien lo había tenido a este niño y riendo añadía con un legionario, ¿No había nacido él en Sidi Bel Abbes?. De pequeño, dijo la abuela, lo abandonaron o se le llevaron para que le cuidara ella. Esto fue en Argelia. Antes de que cumpliera un año, nació en sesenta y uno, hubo los acontecimientos de Algeria como los llamaban y se fueron todos para Francia. Su infancia la pasó entonces de pensionato en pensionato, en cuanto pudieron quitarle de en medio. Sin embargo es posible que aún esta medida no les pareciera bastante radical. De niño estuvo a punto de pensar que su padre quiso matarlo aquel día remoto en una playa del Pacífico cuando le puso de forma repetitiva la cabeza debajo del agua. Hizo entonces él el muerto para que dejarla de repetir su gesto asesino o sea como queda dicho de mantenerle la cabeza debajo del agua. Ahora que lo pensaba mejor lo veía muy bien como una primera tentativa abortada porque su padre no se quedara aquí. Tal vez hubo otras antes. No dijo su hermano que su padre había dejado de pegarle fuerte desde aquel día (de que él no se acordaba) cuando se desvaneció. Parecía entonces que su padre no llegaba a cumplir, que en el último momento se resistía a cumplir con lo irremediable. Su padre no era un asesino. No podría decir lo mismo de su madre. ¿Por qué no había abortado su madre si no lo quería? Era sencillo de contestar: porque su padre quería hijos o simplemente para que no se fuera, para que no pudiera irse, para que se quedara con él, quería hijos el padre no la madre. Pero fue preciso que muriera su padre para que él supiera quien era su madre y se la conoció por las inumerables aventuras o hombres que entraron luego en su vida. Hubo no obstante otro intento fallido de parte de su padre o que él pudiera mencionar, tal vez se le escapaba algunos más o no quisiera echarle demasiado la culpa al fallecido. Eran algunos años más tarde, ya era él un joven y ya no se pudiera hablar de infanticidio aunque... Estaba ayudando a su padre a pintar la barca. Una barca de madera que recorría una larga banda verde como cintura esbelta. Una barca de pescador que se había comprado en el puerto de motril. Estaban en Andalucía y de vacaciones. Caía la noche. Dejó Felipe la brocha porque se le pedía la luz. Era una bombilla que pendía de un hilo. Muy bien podía ser un accidente y él hacerse ideas. El fondo de la barca no dejaba de ser húmedo. Se quedó de repente con el hilo desnudo en la mano. La bombilla estaría todavía colgada al hilo porque el padre tardó mucho en darse cuenta de que la corriente no solamente pasara en la bombilla pero en el cuerpo del hijo mayor de la casa. Vio relámpagos durante lo que le pareció ser una eternidad, ondas eléctricas iban de sus pies a su cabeza, se vio como una bola redonda y sintió un dolor tremendo que le hizo gritar. Su padre le dijo luego que casí no oyo nada cuando más bien fuera el grito que le empujo a arrancar el hilo con un trozo de piel quemado. Cincuenta años más tarde podría él enseñar en su mano izquierda la señal de dicha quemadura o electrocución fallida. En resumida cuenta hubiera podido morir ahogado o electrocutado, ambos pudiendo pasar como accidentes. El padre tenía cara de arrepentido pero más le sorprendió la cara de la madre que era cara de enfado. No podía ser. Quería él tanto a su madre que no se lo podía imaginar.
Fue, dijo, una vez muerto el padre. Muerto y enterrado como se suele decir que empezó a sospechar no que su madre no era su madre pero que su madre hubiera preferido no serlo. Le apareció muy claro entonces que lo que quería su madre no eran hijos sino hombres y no más hijos sino más hombres que no lo fueran y no pretendieran ni siquiera tenerlos con ella. Era toda una mujer como se dice de uno que es todo un hombre. Su madre le dijo la abuela pudiera haber mal acabado si no se hubiera cruzado en el camino con su padre. No quita que le pegó su padre a su madre aquella noche y otras también por celos. Estaba en la foto sonriendo la madre. En la foto no había su padre sino otro señor más joven, más guapo y con el cargo que sólo el año siguiente le quitara su padre. El director de la escuela de Kouaoua de aquel entonces tronaba en la foto de fin de año con sus maestras y entre ellas estaba la madre como pegada a él, como si fuera su preferida. Pero todavía eran hombres como mujeres con estudios y profesión, de categoría, digamos, que frecuentaba. No se podría decir lo mismo de sus frecuentaciones posteriores, una vez el marido como decimos muerto y enterrado. Vino, si bien recordaba al piso que tenía él en el centro de Paris una mujer a recuperar algún trasto que se había dejado la madre en una visita que le hizo y fue porque no tenía a donde ir, lo que no volvió a repetirse. El lo tenía guardado en el sótano. Le sorprendió el aspecto de esta mujer que vino a buscarle. Era muy hombruna. Hacia pensar a estas mujeres que en las películas cumplen el papel del malo y acaban en la cárcel cuando no están desde el principio en la cárcel porque no se les podría imaginar sin temblar fuera de la cárcel. Sin decir media palabra se fue la mujer con el trasto que era una vieja maleta no sin averiguar su contenido y supo él entonces que estaba forrada de billetes destinado al hermano que no pudo ver la madre y por eso mismo cayó en su casa con su vieja maleta que le dejó a guardar porque dijo le costaba mucho llevársela. Hablara ahora sin transición, aunque ocurrió mucho tiempo después, de una amiga de la universidad que le invitó a él y su pareja a Peñiscola donde tenía a su marido a sus hijas y a su casa. El ya no era este niño a cargo de sus padres. Lo dice porque pudiera ser motivo suficiente para... Se resistiría todavía en emplear la palabra exacta porque podía ser imaginación suya y la verdad no llegaba a creerselo pero los hechos son los hechos. No, ya no se entendía si no fuera que su madre le tendría inquina o sufriera de algún disturbio como no están lejos de pensarlo los psicólogos cuando hablan de infanticidio. Pero la vio, sí la vio y no la vio más porque se fue enseguida, lo mismo que en Benidorm aunque fuera con otra pareja, y esto el día anterior del accidente. El hombre, sus hombres, cada vez de peor catadura porque este es que daba miedo. Y muy raro la verdad el accidente ahora que lo pensaba. Era él un nadador confirmado y nunca le había ocurrido lo que le ocurrió. Ante todo ¿por qué le asustó tanto este hombre que nadaba hacia él?, ¿por qué trató él de nadar más rápido para que no le alcanzara?, ¿por qué cuando se sintió fuera de alcance levantó la cabeza para ver donde estaba el hombre y volvió a nadar esta vez hacia la orilla?, ¿No fuera porque se le aproximaba y por una razón oscura le infundía miedo? Luego, cuando se sintió a salvo en la playa caminando hacia su mujer que le esperaba, esta defragación que solo él oyó, y no era una bala sino el músculo que se rompía y de súbito este dolor tremendo en la pantorilla. ¡Qué dolor! Pero el susto que le había dado este hombre a acercársele demasiado, bastante para que le viera la cara y creyó reconocer al hombre de la víspera con su madre.
Releyo el relato que acababa de escribir que intituló el infanticidio. No podía salirle bien acusar a sus padres. Además la realidad está mal hecha cuando solo está bien hecha la obra de arte y por consiguiente olía demasiado a realidad su relato aunque quizá fuera todo imaginación suya porque otra cosa pasa con la realidad y es que no tiene ni principio ni fin, por lo menos a que asistimos: la historia de su familia no empezó ni se acabara con él, tampoco los motivos de su vida como los que pudieran acaecer su muerte son suyos. Demasiadas cosas se le escapaban a uno de su propia vida como de las ajenas pero no le gustaba inventar, imaginar lo que no fuera verdad o elementos que no estuvieran a su disposición. Esto sin contar que era él un ser intuitivo, que muchas veces la intuición en él supleaba a la inteligencia que no se lo podía explicar todo pero que le salvó la intuición. Tampoco tenía buena memoria pero de lo que le afectaba cómo no iba a acordarse, asi como de esto que le oyó decir una vez a su padre casi con tono de reproche y era que tenía la vida firmemente arraigada en él. Cierto es que en varias ocasiones como las que acababa de contar se salvó por milagro. No habra aquí tampoco explicaciones racionales que dar, que dar sin engañar. No, no todo se explicaba en la vida. Tampoco los seres humanos no se lo explicaban todo pero de lo inexplicable porque era inexplicable se olvidaban pronto cuando él con su poca memoria es de lo que se acordaba porque le retorcía el alma. Y si no quiso extenderse mucho, explayarse, que también sus amigos le preguntaban porque no escribía más largo, pues la razón era sencilla, por lo menos tan sencilla como él, y era que las cosas que contaba le dolían demasiado, tal vez porque demasiado se las creyera, y su intento no fuera más que hacer contándolas que todo fuera una cuento, que la vida fuera un cuento o quisiera tomársela así: como si fuera escrita por otro, por su diversión, y no por perjudicarle a uno. No decía Jacques le fataliste de Diderot que: " tout est écrit là-haut sur le grand rouleau" que todo estaba escrito allí en el gran pegamino. Pues era él fatalista como Jacques le fataliste de Diderot o mejor como un español, que esto también se lo creía y a esto también debiera que estuviera en vida, que haya sobrevivido: es que aún no había dado la hora de su muerte.
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