samedi 8 juillet 2023

Historia de una ventana


De una ventana sobrepasaba un brazo muy fino en cuya extremidad ostentaba un cigarillo de mujer todavía más fino. Fumaba, con tranquilidad, con lentitud, y saludaba, con gracia, con elegancia. A quien la viera (aunque fuera solo su brazo) le hiciera partícipe de este momento de quietud que en el día se otorgaba. De esta forma (que era la forma de un brazo) se gravó en mi memoria. Habia ahí como algo tan esencial, tan sustancial, que me extrañó no verlo más a su ventana. Que de repente ella, como a su extremidad opuesta, hubiera dejado de existir, es lo que aprendí. Pero hasta hace poco y como entreteniendo su memoria esta ventana quedaba algo abierta. Quien iba a ser sino su marido que ahí detrás y con su hijo seguían viviendo. Pero era un gato igual de silencioso que este brazo que a la ventana se veía ahora como tomando a diario su momento de descanso. Cuando su amo, que también era mi desgraciado amigo, se iba, me confiaba cerrar al anochecer la ventana que durante el día dejaría abierta solo lo suficiente para que pudiera pasar un brazo muy fino y delicado de mujer, y era para que por aquel hueco se introduciera el gato, dándole acceso a su comida y bebida, no fumaba el gato pero sí a su modo gatunesco ayudaba en que no se perdiera del todo el hábito, porque quien sabe si no fuera solo hábito de fumar sino también de recordar. Mi amigo ya no está y unas persianas bajaron sobre la ventana. Así se cierra esta historia que es la historia de una ventana ya que con ella se cierra. Cierro que no dejo de lamentar aunque no sé si en nombre de mi amigo o de su mujer o de su gato o tal vez del hijo que queda huérfano. Recordara como yo recuerdo aquel brazo muy fino en cuya extremidad ostentaba un cigarillo de mujer todavía más fino que sobrepasaba de la ventana.

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