Una mujer es un hombre. Sí!
Me vino así como único modo de poner fin a este fantasma de hombre que es una
mujer; para poner fin a este sueño de hombre que es una mujer; para que se
acabe una vez para siempre toda esta historia de la mujer con el hombre y del
hombre con la mujer, como si fueran dos personas distintas que equipararan sus
fuerzas en la lucha amorosa o no amorosa, como hoy en día. Es que no veís que
una mujer es un hombre que se está quitando poco a poco, a lo largo de los
siglos, su disfraz de mujer y clama su igualdad. Démosle: una mujer es un
hombre. A no ser que la mujer no lo acepte. A no ser que la mujer diga que no,
y en su última rebeldía clame que un hombre es una mujer, y eso sí, hombre, que
no es posible, que no hay que permitirlo, que nosotros hermanos luchamos por
los derechos del hombre, por la igualdad del hombre, que fuera o no este hombre
una mujer y así digamos: una mujer es un hombre.
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