Qué la vida luche y de ahí dicen hay que luchar por la vida, yo no me creo nada. La vida vive. La vida se contenta y conforma con vivir. No sabe hacer otra cosa. No sabe luchar contra la enfermedad y menos contra la muerte. Donde hay goce hay vida. Ahí se multiplica. En cambio lo que sufre le es insufrible. Así en la enfermedad es el cuerpo que tiene que reunir todas sus fuerzas para que no se le escapa. Tú eres insano le gritara la vida, déjéme, suélteme. Y el cuerpo, que está a punto de agotarse y no poder retenerla más, hace todo para que reencuentre en él condiciones más acomodadicias, más confortables, más mullidas, que son para ella la vida como condiciones sine qua non. Puede ser que momentáneamente, logre que se quede. Ha restablecido en él las condiciones de vida. Pero como en la lucha ha dejado mucha fuerza necesita un tiempo de recuperacíon. Hablamos de convalescencia. Qué Paz siente de súbito el enfermo, se han relajado las tensiones, y aunque se siente flojo se siente más tranquilo que nunca, más relajado que nunca. También ha aprendido algo: nada de voluntad, nada de ser valiente o cobarde. Al hombre enfermo si le toca no le concierne. Nunca él personalmente. Que no se sienta afligido. Que no haga de ello un asunto personal. No está tocado él por la gracia o por la desgracia. Y qué sabe él de la gracia o de la desgracia. Menos de ellos sabra la vida a quien le importa un rábano la gracia o la desgracia. La vida vive. No piensa. No necesita pensar para vivir. Eso sera cosa del hombre, de este que dijo: yo pienso entonces vivo. Pero el enfermo lo ha notado en su carne, en su propio cuerpo, que nada dependía de él y menos de su pensamiento, que existir no era asunto suyo, que sólo podía asistir impotente a su propia suerte. Lo mejor entonces es callar. Demasiados hablan de lo que no experimentan. Tampoco esperar. Para qué esperar. Parece que con la enfermedad recorre el enfermo todo este camino. Y es porque al final calla que todavía el hombre que no es enfermo actua como si la vida le pertenecera, como si la vida fuera suya. Igual que él que ama piensa que el amor es suyo cuando es de todos o de nadie. Qué le importa tú en particular: sólo la vida vive y para vivir vive donde puede vivir y vivir mejor porque la vida si algo busca es más vida. Pero que no se equivoquen. No es una situación triste. No en todo caso la del enfermo que acaba abandonándose con delicias a su suerte. Nadie está aquí para perjudicarle lo sabe, y si no lo sabe lo siente. Menos si libra su cuerpo y su alma a la horda científica o siga hasta el final con esta mentalidad de propietario cuando sólo somos inquilinos sobre la tierra, ni hablar del cielo donde ni siquiera los pájaros hacen su nido.
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