lundi 3 juillet 2017

Volar

Estaba leyendo. Se alejaba de su vida a todo vuelo. No podía mirar a la vez su libro y su vida. Si eso fuera posible la hubiera visto tan pequeña. Se había elevado tanto como llevado sobre las alas de la imaginación. Al final le importa poco que fueran suyas o de otro las alas, como de préstamo, mientras leía se las aprovechaba para verlo todo desde el cielo. El Parnasse de los poetas estaba a su alcance. Desde ahí todo parece tan precioso que le hubiera gustado quedarse siempre a estas alturas. Desgraciadamente no era un Dios del Olimpo sino un pobre ser humano. Pero a veces se quedaba tantas horas leyendo que tomaba por suyas las alas prestadas. Entonces dejaba el libro. Se decía que ya no le hacía falta. Quedaba viéndolo todo desde el cielo. Pero ahora que no tenía el libro entre las manos era su vida que veía. Sí, tan pequeña, pero no le disgustaba, no le repelaba, no se hundía en ella, no era él más pequeño que su vida, le pasaba por encima, estaba volando, aunque le parecía que estaba perdiendo altitud y que no lo podía remediar. A veces se le ocurría recoger sus impresiones, sus sentimientos, sus pensamientos, todos elevados mientras estaba todavía a estas alturas volando, pero no tenía mucho tiempo para ello. Estaba en caída libre. Siempre se reprochó de ser muy lento. Entonces, recuperaba su libro y reemprendía su lectura. Suerte, se decía, otros han sido más veloz y puedo ahora gracias a ellos volar.

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